En esta PANTALLA encontrarás ALGUNAS ENTRADAS. Abajo del todo, CLIQUÉA "Entradas antiguas" y encontrarás más.

¿Y por qué no...una simple BOFETADA?

Hace tiempo, mientras estaba leyendo, me intentaron atracar en un vagón de tren dos indeseables con tantas tachuelas y cadenas colgando como para montar una ferretería y no pedir género en un tiempo.  Por aquel entonces, ya disponía de conocimientos de karate como para haberles hecho meditar sobre sus vidas en la cama de algun hospital, pero no; mi respuesta no tuvo nada que ver con Karate Kid precisamente.  ¿Por qué? por la sencilla razón de que en las clases, NO PRACTICAS las técnicas HACIENDO DAÑO a tu OPONENTE, sino todo lo contrario: con mucho respeto y con mucho cuidado de no lesionarle (básicamente porque se le acabaría el negocio a la escuela)... y por lo tanto, inconscientemente aprendes a ejecutarlas de una forma 'impropia' y nada real .
Y eso es lo que me 'salió' del alma en aquel momento cuando quise defenderme de aquella agresión: mucho CUIDADO y sobretodo: RESPETO, contra quienes me estaban amenazando; vaya jugada. Yo sabía que algo no estaba funcionando en mi, pero ¡¡no podía hacer nada para evitarlo!!

Volviendo al atraco ...estos especímenes, bastante mayores que yo, se sentaron de repente, uno en frente y otro a mi lado (después de realizar el numerito de  'montar' salvajemente a caballo sobre los respaldos de los asientos, amedrentando al personal presente); el que estaba enfrente pronunció las palabras mágicas: "Dame todo el dinero que tengas". Yo, que no me acababa de creer que lo que me estaba pasando era real...decidí seguir leyendo sin prestarles atención. Pero cuando, ante mi nula atención a su requerimiento, este elemento me repitió su frase preferida algo más alterado si cabe, fue cuando finalmente salí de la historia de ficción que estaba leyendo, y me dispuse a vivir una algo más real. 

Ante su maleducada insistencia, pensé que había llegado el momento de poner en práctica mis letales conocimientos marciales con ellos.  No intenté entablar una conversación con mis amigos para hacerles desistir de su intención. Mi reacción fue rápida; muy rápida. Y fue sorpresiva; muy sorpresiva; incluso, créeme, para mi.

  Pasé en décimas de segundo, de la más absoluta tranquilidad, como si estuviese leyendo en el salón de mi casa, y sin mirarles a los ojos, a agarrar su cuello con toda mi fuerza (que como ya sabes, en esos casos es superior), ahora sí, taladrándole los ojos con los míos.

 Debí apretar tanto su garganta, mientras le clavaba las uñas en su parte posterior, que además de quedarse sin palabras (de la emoción, entiendo), el tono de la piel de su cara se fué poniendo azul, de verdad, no es una exageración: azulado-morado...Y a medida que nos iba levantando a mi y a él del asiento, le dije sin soltarle, con  sobrada furia y los dientes apretados:
-"¡¡¡ ¿PERO TÚ QUIEN TE HAS CREÍDO QUE ERES, DESGRACIADO?!!! "

Yo realmente no me dedico profesionalmente a ser víctima de atracos asi que, no sabía muy bien qué hacer. Esperaba que fluyese alguna técnica prácticada en las clases...¡pero no! Después de incorporarme e incorporarle (ibamos junto en ésto) y sin soltale el cuello ....¿¿¿Qué crees que es lo que hice???.¿¿¿Cuál fue el 'golpe secreto del 'samurai' que sólo a los alumnos más avanzados les es desvelado, no sin antes haber demostrado su tesón y disciplina diaria y bla bla bla, bla bla bla ...??? Pues, sin soltarle del cuello con la mano izquierda, y una vez estábamos de pie, le empecé a PROPINAR con toda mi fuerza, bofetadas con la derecha, de un lado al otro, que me duele la mano de recordarlo, Y QUE POR NO SABER QUÉ  HACER DESPUÉS, para no darles tiempo a que reaccionasen, y mientras iba pensando en qué hacer después, no se me ocurrió otra cosa que SEGUIR repitiendo la secuencia UNA Y OTRA VEZ (ésta era: bofetada y revés de vuelta, y vuelta a empezar) ... y antes de que recuperase el aliento, si es que le quedaba algo, me volví rápidamente hacia el ferretero que se había sentado a mi lado y... le endosé la misma secuencia de fotogramas que había dado resultado con su 'jefe'. Y luego, como seguía sin ocurrírseme nada más que hacer...volví a ocuparme del primero antes de que se recuperase del atontamiento. Y bueno, ahi les ves, gracias a mi duda de qué hacer después,  a los mafiosos del tren de cercanías...en el suelo...KO's (Knocked out)...o lo que es lo mismo:  f u n c i o n ó ;  no de la manera que hubiese imaginado... pero funcionó, que es de lo qué se trata en cualquier acción de defensa personal.


En otras palabras, que todos los conocimientos técnicos que había adquirido... no salieron a escena, se quedaron en la trastienda ... no sé por qué. Por no hacerles daño, por los nervios, por falta de tiempo para pensar en la técnica adecuada, puede que porque  estaba sentado, o por muchos otros motivos. Y eso me dio que pensar. Menos mal que bastó con una ración y media de tortas 'de la casa' para dar de comer al hambriento, que como soy católico, es algo que intento llevar a rajatabla.


Así que ... ¿Por qué no una o varias bofetadas bien dadas, como un arma más a tener en cuenta en nuestro arsenal particular de defensa personal? Ya lo sabes.
 Y por favor: no tengas miedo a hacerle daño alguno a tu agresor (yo al principio lo tenía y no quería lastimarles en forma alguna) ...porque él: YA TE LO ESTÁ HACIENDO, Y SI NO REACCIONAS ... el daño que vas a recibir de él/ellos será siempre mayor que el que puedas tener al repeler su agresión.


(En el momento de la redacción de esta entrada del blog, no conocía el por qué no pude recordar ninguna técnica. Es un 'programa' de nuestro cerebro que he explicado en la barra lateral en mi mensaje de bienvenida y que aparece descrito también en otra entrada).


La rapidez, los reflejos y sobretodo, la claridad mental...son más importantes que el método concreto de defensa que vayas a realizar. El estar alerta, suele ser muchas veces suficiente. Suficiente para sorprender al que te quiere sorprender, precisamente porque crée que tú no lo estás, y acaba siendo él, el 'invitado' de honor...en la fiesta sorpresa que te había preparado.
Estos dos pringaos, nunca pensaron que una persona de bien, un adolescente con cara de niño bueno...iba a reaccionar así. Ni ellos lo pensaron...ni yo tampoco.

(Esto que vas a leer a continuación, lo estoy escribiendo mucho después; hasta ahora no había querido contar toda la experiencia, para animarte a enfrentarte en una situación desfavorable, antes que rendirte, como siempre, a ella. Pero quiero continuar hoy con lo que pasó después porque creo que es más importante que lo que acabas de leer.
 Si hubiese pensado en la posibilidad que voy a relatar ahora (en el juego del ajedrez, y en cada partida en concreto, hay que pensar en todas ellas antes de mover), seguramente les habría dado el dinero que me pedían. En aquel momento olvidé un detalle; un sólo detalle que me podía haber costado la vida. Pero me pudo mi inexperiencia, juventud, y mi decisión vital de masacrar a los que abusan de los demás; sea de mi o de cualquiera. Es más, te voy a contar un secreto que no les conté a los atracadores: en el momento de su altruista acción, NO LLEVABA UNA SOLA MONEDA ENCIMA. Se lo podía haber dicho...y fin de la historia.  Mi reacción fue únicamente una cuestión de honor; una lección para los indeseables; un aviso a navegantes, de que ya no lo van a seguir teniendo tan fácil. Para que se lo piensen dos veces, antes de meterse con la gente de bien. Hoy me alegro de todo, aunque fui un inconsciente. Pero desde arriba, me protegen. Siempre lo han hecho.
Aún así ya sabes: "el cementerio...esta lleno...de valientes").

Pero ¡cuidado! ¿qué pasó acto seguido en ese vagón...? Pasó que esa gente se subió al tren con su panda de indeseables, apenas unos minutos antes. Y pasó... que se abrió la puerta que comunicaba un vagón con otro y apareció el resto de la panda de la película 'la Naranja Mecánica'. Me quedé blanco; se me secó la boca y la garganta; todavía lo recuerdo. Comprendí en ese momento, que había llegado mi día. 

(Te voy a pedir un favor, porque aunque el tono de esta entrada está siendo sarcástico porque todo salió bien, esto que te cuento ya no va en broma) 

De repente vi aparecer al monstruo ese que no cabía por la puerta; debía ser el líder del rebaño. Vi aparecer a esa 'cosa', a esa masa de carne con tachuelas, y a todo su séquito detrás, preguntando que qué había pasado... a los delgados y apocados chinos que se encontraban 'incrustados' en sus asientos, en esa parte del vagón y a los que miró antes que a mi. Los chinos se hicieron los suecos, encogiéndose de hombros, mirándole con cara de terror y sumisión. Así que la ecuación sólo tenía una incógnita: ¿quién?...y una solución: yo. 
Fin de la partida. Creía que había ganado...pero con esa jugada no había contado.

Nos separaban unos diez metros; salté sin pensarlo hacia el vestíbulo de entrada y salida de viajeros que tenía a mis espaldas. Pero no podía salir; el tren estaba en marcha. Nunca he querido esfumarme de ningún sitio como de aquel vagón que tantas otras veces me había traído y llevado sin problemas. Nunca tanta impotencia. No tenía salida y me iban a destrozar.

Faltaban diez segundos... para que me diesen caza como a un ratón en una bañera con agua.
Nueve, ocho... y las consecuencias iban a graves; fatales.
Siete, seis...y mi mente no podía encontrar una solución al problema que tenía en frente. No podía...porque no existía; y lo sabía; era perfectamente consciente. Se acercaban. Estaban en frente, Así que pensé primero en dialogar. Rápido compredí que con estos tipos, y dos de ellos en el suelo, no era la mejor opción. Así que sólo me quedaba una:  volver a repartir pizzas con peperoni, pero esta vez, sabía que no iba a tener para todos.
Se me había escapado dos jugadas posibles: que eran parte de un grupo...y que estaba encerrado en un tren. Dos...uno...

¡El tren se detuvo y se abrieron las puertas!¿Recuerdas que había dicho que formaba parte de un Club...?
Había llegado a la estación de Atocha. Bajé dándole gracias, como pocas veces hasta aquel momento, en mi vida.Supongo que ya sabrás a quien, ¿verdad? Claro, al Creador de mi club. 
Era casi medianoche cuando salté al andén. Fui el único que lo hizo en esa estación, fantasma a esas horas.  Miré rápido a uno y otro lado para comprobar que ningún indeseable bajaba. Se cerraron las puertas. El tren siguió hacia no sé dónde, ni me importaba.
 Mientras caminaba, cual cowboy victorioso en un solitario plano de película del oeste, observaba de reojo partir al tren, y a ellos mirándome con ganas, apoyando sus antebrazos y sus caras en los cristales sucios.

Sonreí eufórico, como pocas veces.
Creo que nunca me habías regalado algo así.
Gracias...Dios.