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La mejor DEFENSA en la calle

Después de practicar durante años varias de las disciplinas marciales más conocidas, ya sabes, "aprendiz de mucho, maestro de nada", pero lo prefiero así... tuve hace poco un incidente en la calle; me las tuve que ver con cinco tipos con ganas de darme una paliza, por llamar la atención a uno de ellos por estar gritando en la calle a las once de la noche.
Acababa de terminar una clase de Hapkido.
En este arte marcial se enseñan ataques y defensas que terminan en luxaciones graves para el agresor. Adquirí cierto grado de destreza con sólo un año de práctica.
Pues bien, en esa situación de peligro real, no fui capaz de emplear siguiera una de las técnicas que con tanto esfuerzo había practicado hasta el agotamiento y conocía y había memorizado a la perfección.

Poco después descubrí por qué pasó aquello.
En una situación de peligro real, el cerebro, como sabes, dispara al torrente sanguíneo, la cantidad de dopaminas y adrenalina suficientes, como para transformarte en una especie de Increible Hulk, y casi todas sus funciones se minimizan, dando prioridad a otras que son las más necesarias en esos momentos.

Una de las que desaparecen por completo es la capacidad de buscar en tu archivo particular, aquello que hayas aprendido, dando prioridad a la visión frontal y aumentando el volumen de sangre en tus extremidades (que vas a necesitar para huir o para golpear). Vamos, que centra toda su energía SÓLO en el problema que supone en ese momento, un riesgo para tu vida, pero te limita a la hora de pensar cosas complicadas.

Entra en acción lo que se llama: el cerebro reptiliano, anulando los otros dos. Ëste era el único que tenían nuestros antepasados prehistóricos (luego hemos ido desarrollando los otros; más evolucionados). Es el más básico de todos; no existen emociones en sus reacciones, sólo atiende a la supervivencia del individuo.

En ese momento de peligro, vas a decidir de forma muy rápida, una de estas tres únicas cosas posibles, así que ve eligiendo una de ellas para cuando te toque:

-Correr como un demonio para ponerte a salvo...
-Suplicar clemencia, mearte encima y someterte a la voluntad del agresor o
-Enfrentarte a él con la mayor contundencia posible.

Tú eliges...si,si; ojalá me equivoque, pero en algún momento de tu vida vas a tener que realizar esta delicada elección por la fuerza.

¿Ya lo has hecho? ... ¿Y cual es tu elección?

a) ¿Huir?
¡Estupendo! es la mejor de las tres, si no eres muy valiente y si das clases de atletismo; porque si no las das...mejor que elijas otra opción, ya que en apenas unos metros, nuestro 'amigo' ya te habrá alcanzado, porque te has quedado sin aliento. ¡Ah, y esperemos que no estés con algún ser querido a tu lado, porque escapar uno corriendo es una opción...pero escapar dos o tres...amiga mía, es más complicado, por no decir imposible, y más si hay niños de por medio.

b) ¿Enfrentarte?
¡¡Genial! espero que tengas algún tipo de preparación, porque con la intención sólo, créeme, no basta.

O c) ¿Someterte...y ser violada, por ejemplo?
¿¡Ah! que tu eres de esas que cuando les digo que se den una vuelta por este blog...se ríen y me dicen que 'eso' nunca les va a pasar a ellas?
¿Quieres que escriba una entrada mucho más larga que ésta, contando las experiencias que conozco personalmente y por referencias sobre estas mujeres que como tú, pensaban así?

Así que, yo que tú, me pondría a practicar algo (ya sabes: atletismo... o defensa personal); no porque te vaya a pasar esto en tu vida o en la de los seres queridos, que espero que no,..si no porque practicando una disciplina de éstas, vas a aumentar no sabes de qué manera la confianza en ti misma, que de paso te va a ser útil en todas las demás facetas de tu vida.

En el caso de mi episodio callejero (hace mucho que dejé de pensar que esas cosas sólo pasaban en las películas)... únicamente (y menos mal) prevaleció mi instinto de supervivencia, que con golpes y bloqueos muy rudimentarios (almacenados en mi cerebro reptiliano) pero contundentes, me permitieron salir airoso de la situación. Recuerdo la desesperación de uno de ellos golpeándome una y otra vez por la espalda con la hebilla de su cinturón de macarra barato (él y el cinturón), comprobando que no sólo no me hacía daño, si no que 'encendía' todavía más, mis ansias por seguir repartiendo 'mortadela' entre el respetable.

Sali airoso, nada más y no con la contundencia de otras veces; ya que perdí un valioso tiempo, intentando buscar inútilmente en el abarrotado 'baúl' de mi cerebro, alguna de las técnicas aprendidas que nunca encontré... para sacarme de aquel aprieto.

Al día siguiente, con pena, dejé la escuela de Hapkido. Es como cuando ves que tu pareja te da de lado en una situación dificil...

Hoy he empezado esta disciplina: el Krav Magá, sistema utilizado por los cuerpos de élite del ejercito israelí, y por cada vez más fuerzas del orden en todo el mundo. Se basa en ataques y defensas puramente instintivas; rápidas, y eficaces, sin apenas complejidad en su ejecución y sin necesidad de tener que pensar qué técnica realizar en según qué situación. No buscan la elegancia en la realización de las técnicas, sólo buscan la supervivencia; tu supervivencia.

Hace varios años, dejé la práctica de esta disciplina. ¿Por qué?
Al poco tiempo de entrar, comprobé que el Krav Magá en España es una mafia, una secta perfectamente organizada. Perfectamente organizada para que no se expanda demasiado y así ser los mismos de siempre, quienes controlan (y 'someten') a cualquiera que quiera practicar y obtener la titulación para ser instructor.

Obtener un cinturón es practicamente imposible. Y depende de un examen de horas de duración, cuyo criterio para ser aprobado es el totalmente subjetivo del instrucctor (un moro nacionalizado francés, para más señas de nombre Alejandro o Alex) o cualquiera de sus  secuaces.
Vamos, que si les caes bien y no ven competencia contigo...estás dentro. Por eso muchos...estamos fuera. Ellos no son nada buenos con los golpes de pierna (patadas), y yo, de cinturón blanco, ya les daba sopas con honda a los cinturones superiores, no permitiéndoles acercarse para practicar sus 'llaves' de combate. Este Alex llegó hasta el punto de ponerme a combatir con ellos sin permitirme utilizar las piernas. Ese día aprendí a dar golpes de puño...por pura supervivencia.

"Bienvenida al mundo de lo real"

Con mis mejores deseos,
"Si quieres vivir en paz... prepárate para la guerra"

Cuidate...